Reseña de "El pintor de almas", de Ildefonso Falcones

Los gritos de centenares de mujeres y niños retumbaban en las callejas del casco antiguo. «¡Huelga!» «¡Cerrad las puertas!» «¡Detened las máquinas!» «¡Bajad las persianas!» El piquete de mujeres, muchas de ellas con niños pequeños en sus brazos o tratando de mantenerlos agarrados de la mano, a pesar de los esfuerzos de estos por escapar para unirse a aquellos un poco más mayores, libres de control, recorría las calles de la ciudad vieja instando a los obreros y los mercaderes que todavía mantenían abiertos talleres, fábricas y comercios a que detuvieran de inmediato su actividad. Los palos y barrotes que enarbolaban convencían a la mayoría, aunque no eran extrañas las roturas de los cristales de escaparates y alguna que otra reyerta".

Tras haber buscado nuevos caminos con "La mano de Fátima" y "La reina descalza", Ildefonso Falcones retomó la trama de su exitosa ópera prima, "La catedral del mar", en 2016, con "Los herederos de la tierra", secuela que de nuevo obtuvo buenas cifras de ventas. Ahora, el abogado y escritor ha concluido su quinto trabajo, otro relato completamente nuevo, que ha compuesto mientras que hacía frente a una terrible enfermedad.

Al parecer, el origen del volumen tiene que ver con una anécdota que escuchaba desde niño. "La familia de mi madre desechó comprar un piso en La Pedrera porque no había ningún mueble que pudieran salvar de su antigua residencia para encajarlo con las paredes ondulantes”, ha comentado el escritor.

Grijalbo publica "El pintor de almas", en edición en tapa dura con sobrecubierta, de 684 páginas, que sale a la venta al precio de 21,75€.  También está disponible en versión digital para descargar para Kindle, por 12,34€.

Sinopsis de "El pintor de almas", época de rebeldía

La acción tiene lugar en Barcelona, a principios del siglo XX, una época de enorme agitación social. Sigue al modesto artista Dalmau Sala, hijo de un anarquista ajusticiado, que apoya las reivindicaciones de Montse, su hermana, y Emma su novia, que encabezan las manifestaciones, pues las fuerzas de seguridad se lo piensan dos veces antes de cargar contra ellas, al contrario de lo que harían con sus maridos. Trabaja en el taller de Manuel Bello, artesano de la cerámica, con profundas creencias católicas.

Por su parte, Emma –también huérfana de otro revolucionario– trabaja como cocinera. Cada vez, Dalmau está más solicitado como pintor. Cuando Montse acaba siendo arrestada por la policía, tratará de liberarla por todos los medios. Por desgracia, se encontrará con todo tipo de dificultades inesperadas.

Crítica de "El pintor de almas", mimando a los lectores

Como cabe esperar, Ildefonso Falcones arriesga una vez más poco, pues tiene bastantes elementos en común con sus anteriores trabajos, y con los grandes éxitos de Ken Follet, o sea que un protagonista pobre pero con enorme talento artístico vive todo tipo de vicisitudes y contrariedades, en un contexto artístico; aquí se sustituye la construcción de una catedral por los albores del Modernismo. Esto tiene su lado positivo, ya que da a la mayoría de los lectores exactamente lo que buscan. Otros echarán de menos un poco más de frescura, único punto donde la obra puede resultar discutible. 

A su favor juega su lograda descripción de los cambios sociales que se dieron en la ciudad condal en aquella época. Contrapone los lujos de la burguesía catalana que reclutaba a Gaudí, a Puig i Cadafalch, a Domènech i Montaner y al resto de genios del movimiento, con las duras condiciones de vida de los obreros a los que explotaban. Bien documentada, consigue además describir muy bien los acontecimientos históricos sin interrumpir el ritmo dinámico de la narración, lo que tiene mérito.

Escrito en tercera persona, en capítulos extensos, engancha hasta el final. El espectador que inicie la lectura, se interesará por el destino de sus personajes, y continuará pasando páginas hasta la última. Se diría que supera a los tres anteriores trabajos del autor, quizás no a su debut. Por supuesto no faltan los toques feministas que siempre incluye este escritor.

Sus personajes están descritos con pocos rasgos, estratagema con la que se consigue que el lector les sitúe en todo momento. Llama la atención sobre todo Dalmau, típico idealista capaz de plasmar en sus pinturas las almas de los más desfavorecidos, que se debate entre la fidelidad a sus ideas, y su dependencia de las familias ricas para poder continuar con su arte. También resulta interesante la evolución de Emma, luchadora incansable por la igualdad de todos los ciudadanos, así como algunos de los numerosos personajes secundarios con los que se van encontrando. En resumen, más de lo mismo pero inspirado.


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